La ciudad como promesa perdida

Nosotros habitamos la ciudad al igual que esta habita su tiempo. Su única esencia es la realidad histórica de dónde surge. No sorprende entonces que hoy la ciudad sea un reflejo del capitalismo tardío; una extensión de terreno sometida al juego de la especulación, administrada por políticos que la operan como suya en representación de intereses de aquellos que son dueños del capital que la mueve. En esa ecuación grisácea no figuran los pobladores; mucho menos aquellos que se instalan en la marginalidad del espacio urbano. Pero ¿quién tiene derecho a la ciudad? ¿Sus habitantes por virtud del espacio que habitan o sus soberanos de facto por virtud de su riqueza heredada u obtenida del mismo despojo que ahora operan?