El rescate de la ciudad desde la prosa de Baudelaire

Volumen Siete

¿Es posible rediseñar una agenda urbana tomando en cuenta los obstáculos de la pobreza, desigualdad, la degradación ambiental y el alto poder político de los capitales especulativos? Desde Baudelaire y Habitat III —una nueva agenda urbana para desde diversos horizontes con la comunidad—, Sebastián Irigoyen reflexiona al respecto.

por Sebastián Irigoyen
2 Marzo 2020
Teimpo de lectura - 3 minutos 15 segundos
Fotografía Ilustración por: RADIVILOVSKAY

El rescate de la ciudad desde la prosa de Baudelaire

La virtud del juego poético con el que instituyó el siglo XIX Charles Baudelaire, fue sin duda complementado por su pericia en representar el concepto de ciudad desde un carácter estético y simbólico, pero además desde su prosa le permite convertirse en un citadino sensorial y disruptivo, quien se mezcla en los efectos contemplativos del plan de urbanización del Paris de 1848. En “Spleen de Paris” nos detalla su capacidad narrativa, inspirada por el realismo del “Père Goriot” de Balzac, sintetizando en sus obras, bajo múltiples alegorías, el escenificar la imagen urbana (las calles, los edificios, el boulevard, los cafés y los callejones) como elementos con los que el individuo interactúa y se “desvanece”, y lucha por sobrevivir dentro de las multitudes asfixiantes de la era moderna. A lo largo de sus escritos, la estética gótica singular de la “ciudad de las luces” no es desapercibida, sin embargo, pasa a un segundo plano, al ser el anverso de su propuesta el exaltar cómo el hombre de la campagne (provincia) experimenta una transición hacia la empedrada modernidad: el provinciano vive y protagoniza en su totalidad el concepto de la ciudad, convirtiéndose en aglomeración, en rutina, en masa, en una jornada laboral, en trabajo vivo. Baudelaire impregna en su relato el apogeo económico que nos enuncia una vida acelerada y continua, un individuo que se encuentra en una metamorfosis conjugada entre el su esencia campirana desvanecida y la cotidianidad que lo amolda, lo perfuma, lo viste, lo enumera. Entendemos que la modernidad descrita en la poesía de tanto de Baudelaire como las obras de los “poetas malditos”, no estuvo desligada al trazado de un nuevo e iluminado escenario urbano planificado por Georges-Eugène Haussmann, quien además le daría un sentido político al espacio público. Esta nueva significación de planificación de la ciudad direccionó el dinamismo productivo, y volvió racional el uso óptimo de las calles en donde múltiples efervescencias artísticas, filosóficas y políticas lograron expresarse, aglutinarse y sintetizarse en el mítico barrio de Montmartre.

Alejados del esplendor de la “Belle Epoque” y de la suntuosidad representada en el cuadro de “Bal du moulin de la Galette” de Auguste Renoir, el cineasta Ladj Ly, nos presenta en su película “Les Misérables” (2019), otro relato del mismo Paris, en donde la fraternidad del espacio es únicamente  provisorio y la realidad de la ciudad se encuentra delineada por la cruda desigualdad y exclusión social, la precarización del empleo, la falta de oportunidades en las periferias, por las altas tasas de delincuencia y violencia, en donde además es persistente la degradación constante del tejido social. El espacio público es escenario de estos tantos malestares económicos y sociales presentes en el segundo decenio del siglo XXI, vinculados, a las transformaciones continuas del sistema productivo, el cual sufre un proceso continuo de desindustrialización, fenómeno que adelgaza la calidad de vida tanto en todas las fronteras y latitudes.

Actualmente la tendencia de pérdida de valor en la producción industrial en los espacios productivos encierra una serie de paradojas y dilemas en cuanto a las estrategias de política pública y de desarrollo urbano desde un plano sostenible a nivel global, tomando en cuenta los límites materiales y ambientales presentes ante el acelerado cambio climático. El incremento de las interrogantes hacia las esferas políticas, ha sido proporcional al volumen de pérdida de empleos formales, del desplazamiento estratosférico de olas migratorias provenientes de las regiones periféricas hacia las ciudades centrales en el mundo. Ellos, los desposeídos, los excluidos del proyecto urbano, hoy son también los migrantes globales, que comparten el exilio de la pobreza y ser el sujeto en el que recaen los límites del modelo económico del siglo XXI. Lo imperativo: romper con el diseño de las ciudades bajo la tutela de la rentabilidad del capital por encima del desarrollo colectivo e inclusivo. 

Al explorar este escenario complejo ¿es posible rediseñar una agenda urbana tomando en cuenta los obstáculos de la pobreza, desigualdad, la degradación ambiental y el alto poder político de los capitales especulativos?

Los efectos de la desindustrialización, visibles en la segregación espacial, son hoy en día más que una realidad categórica a enmendar, por lo que se requiere el diseño de nuevos discursos para concebir la política pública de las ciudades de manera sostenible. Repensar lo estratégico demanda recuperar la visión ofertada por Henri Lefebvre y David Harvey, quienes obligan trascender el ejercicio teórico hacia el práctico para retomar el derecho a la ciudad desde la acción política y colectiva, no solo como un anhelo o un deseo, sino como un fin para orientan la producción, la organización, el re funcionamiento común del uso del espacio (hoy segmentado por el capital privado).

Piketty documenta en su libro Capital e Idéologie (2019) cómo la historia de las ciudades ha sido parte de la lucha de ideológica y la búsqueda de la justicia, en donde las bellas artes se han encargado en documentar y convocar la crítica constante al modelo de urbanización capitalista, que ha amordazado y eximido lo social por lo especulativo. 

La crítica de Latinoamérica en lo urbano parte desde la situación: “hombres sin casas, casas sin hombres”, como parte del relato de las complejas mutaciones del espacio, quien arrastra la degradación de las actividades económicas, las interacciones sociales y culturales, así como las repercusiones ambientales y humanitarias, elementos que fueron concebidos en un plan de condensación en función a un tipo de industria que hoy se encuentra agotada y fraccionada. De ello se desprendieron una matriz de problemas de distintas dimensiones que aquejan la sostenibilidad de vivienda, infraestructura productiva, servicios básicos, seguridad alimentaria, salud, educación, empleos decentes, seguridad y recursos naturales, entre otros en las regiones globales.

Hoy se han cimentado respuestas claras desde el Sur. Hábitat III es la Nueva Agenda Urbana propuesta de Naciones Unidas, pero que es parte de la reunión del diálogo y debate, es la apertura a las acciones concretas, es el encuentro entre los países del periféricos, es una propuesta coordinada y sistematizada que nos permite reorientar el concepto de urbanización y trascenderlo hacia una visión integral, multisectorial y multidisciplinar que se edifica y decanta en el desarrollo urbano sostenible, el cual contribuye en crear un modelo de vivienda y de políticas alineadas con sectores productivos locales. La propuesta del nuevo modelo urbano será la erradicación de la pobreza en todas sus formas y dimensiones, con la capacidad de reducir las desigualdades, promover un crecimiento per cápita sostenido, sembrar la igualdad de género y el empoderamiento de las mujeres a fin de aprovechar su contribución vital al desarrollo sostenible y de género, así como fomento necesario del concepto de la resiliencia y para la conservación y preservación del medio ambiente (Naciones Unidas, 2017).

Recuperar el derecho a la ciudad es una condición necesaria para darle sitio a la dignidad humana la cual vive hoy una realidad cuyo futuro se encuentra negado, parcializado y diseminado. América Latina ha tejido desde Hábitat III una nueva agenda urbana para desde diversos horizontes con la comunidad, las universidades y con la sociedad civil, entonando una nueva voz que retoma la prosa política de Baudelaire en el reclamo del espacio de emancipación cultural, pero que además dialoga con  “Las venas abiertas de América Latina, “Las memorias del fuego” y “El cazador de historias”  de Eduardo Galeano, quien, desde el relato corto, nos obliga a redescubrir nuevos sentidos comunes, en donde la idea de ciudad parte desde un trazo imaginario inclusivo, vinculado hacia el desarrollo social y multicultural, pero coherente y en resiliencia con el medio ambiente. 

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