Entérate: ¿eres un holgazán? (El miedo a ser grandes)

Volumen Cinco

Qué miedo nos da hacer lo que "queremos"; pero, si tanto lo postergamos, ¿qué tanto lo queremos? Renata Kalife reflexiona al respecto y descubre que no es solo flojera lo que nos da, sino también miedo.

por Renata Kalife
11 Noviembre 2019
Teimpo de lectura - 01 minuto 57 segundos
Fotografía Mashable

Entérate: ¿eres un holgazán? (El miedo a ser grandes)

Me dio pereza escribir esto. Lo pospuse durante días que se convirtieron en semanas. «Me falta tiempo». La gran mentira. Siempre hay tiempo para lo que nos gusta hacer. “Pero a mi me encanta escribir”, pensé. He ahí la contradicción. ¿Será que el holgazaneo es simplemente un mecanismo de defensa? Y si así lo es, ¿de qué nos protege?

Llegamos a una edad en la que sabemos a ciencia cierta qué nos gusta (o eso creemos). Qué comida, qué compañía, qué tipo de viajes. Por esto, percibo tan paradójico encontrarme con tantas personas (incluyéndome) insatisfechas con lo que hacen o han hecho en diversos escenarios. «Me va muy bien», y la frase se empieza a evaporar en el aire, donde un frenético “pero no me gusta lo que hago” la persigue. El famoso ‘hubiera’, qué cliché, pero estas frasecillas tan trilladas se denominan así por su naturaleza de repetición. Veo a la gente, me veo en el espejo y muchos vamos abrazando un montón de ‘hubieras’ y un montón de deseos, pero no hacemos nada. No los soltamos, ni bajamos los brazos, ni los buscamos.  ¿Será que nos da miedo hacer lo que queremos? Andy Warhol decía que el amor de fantasía era mucho mejor que el amor real, cito «nunca hacerlo es muy emocionante. Las atracciones más emocionantes ocurren entre dos opuestos que nunca se encuentran». 

Creo que en el mundo de hoy hemos cruzado la línea al lado de demasiada fantasía. Mucha fantasía está bien. Demasiada no. En parte, las redes sociales han hecho lo suyo; nadie quiere poner un Insta-story sin estética, o aburrido, simplemente viola su función, no tendría sentido. ¿Entonces por qué sí nos conformamos a tener vidas en parte sin estética? ¿Trabajos aburridos? ¿Por qué pesa más el Insta-story (la fantasía) que nuestra realidad? Mientras parezca que lo tengo es suficiente, pensamos, pero ¿lo es?

Donde a nuestros padres les vendieron el futuro del sueño americano, a nosotros nos han regalado un futuro ‘fútil’, el sinsentido. El ‘¿para qué? No tiene caso’, sobre nuestros sueños, sean cuales sean. He tenido esta conversación conmigo misma. De acuerdo con las miles de estadísticas que intervienen, es casi imposible que yo consiga el trabajo de mis sueños. Pero también he comprobado que las estadísticas simplemente están compuestas por dos tipos de persona: las que se desaniman con estadísticas y las que no, y eso, en la mayoría de los casos define de qué lado de las cifras estás. Pero hay una laguna, ahí en medio de las cifras de quienes lo logran y quienes no, en los ‘casi’, vive el holgazán. Tirado o tirada en un sillón, consumiendo contenido del tipo que sea, del primero que se cruce en la pantalla de inicio en Netflix. Ahí está el holgazán y él, en cambio, vive todas las fantasías. No se limita por ninguna realidad definida. 

Pero la verdad es que, el verdadero fracaso es hacerle caso al miedo, al holgazán que te instiga a tirarte no una ni dos sino dieciséis horas en el sillón.

El holgazán se sienta en su sillón a postergar sus sueños y se los imagina, y para él o ella, es casi tan satisfactorio como cumplirlos. Es más, incluso puede cambiar de sueño cada día, total, sigue sentado en el sillón, no le toma más que un par de segundos ajustar su pensamiento y pasa de Jordan Belfort a Martin Scorsese sin mover un dedo. Entonces ¿qué es este holgazaneo? Es el miedo. Es el miedo a intentar y fracasar. Es el miedo a ser grandes, el miedo a la grandeza. El miedo a la satisfacción de conseguir lo que queremos, de convertir la fantasía en realidad. El miedo del que implícitamente hablaba Warhol, ‘es más emocionante lo que nunca ocurre’ porque así nunca puede arruinarse. Así nunca es de verdad, ni la parte buena ni la mala.

El miedo a salir de la burbuja, de exponernos, de perseguir y lograr, porque, y si fallamos, ¿qué? O peor aún, ¿si lo logramos? Pero la verdad es que, el verdadero fracaso es hacerle caso al miedo, al holgazán que te instiga a tirarte no una ni dos sino dieciséis horas en el sillón. El que te dice que mejor te imagines tus sueños, pero a la vez te grita ‘qué hueva’ sobre realmente seguirlos. Dicen que el diablo tiene formas muy hábiles de llegar a nosotros. Dicen que Dios también. Yo creo que el holgazaneo aún más que ambos. 

El punto de este texto no es motivarte a perseguir tus sueños y a nunca rendirte, creo que ya hay suficientes influencers haciendo eso. El punto de este escrito es que, en caso de que seas tú también un holgazán, lo sepas. Entérate de lo que te estás privando de hacer. Protégete de tu holgazán, no de lo que te llena.

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