Obradorismo y trumpismo: algunas coincidencias

Volumen Doce

Ver a nuestro presidente, declarado hombre de izquierda, coincidir recurrentemente con el líder de la ultraderecha global (así como sus respectivos seguidores) puede ser desconcertante. ¿Por qué concuerdan a veces dos grupos en teoría tan distintos?

por Francisco Aguilar
11 Enero 2021
Fotografía por: VOCANOVA

Obradorismo y trumpismo: algunas coincidencias

Esta semana, Twitter y Facebook le suspendieron las cuentas a Donald Trump tras incitar el asalto de sus seguidores al Capitolio de los Estados Unidos, el edificio que alberga la Cámara de Representantes y el Senado. En esta ocasión, como en otras anteriores, vimos a López Obrador y a algunos de sus seguidores externar sus preocupaciones ante la decisión; mismas que expresaron los leales a Trump.

Ver a nuestro presidente, declarado hombre de izquierda, coincidir recurrentemente con el líder de la ultraderecha global (así como sus respectivos seguidores) puede ser desconcertante. ¿Por qué concuerdan a veces dos grupos en teoría tan distintos? Por coincidencia, creo, pero no por casualidad.

No existe una inclinación ideológica natural del obradorismo hacia el trumpismo, pero la coincidencia tampoco es casualidad: pasa que en sus respectivos tableros políticos nacionales ambos presidentes se posicionan de forma pragmática ante proyectos políticos que, si bien no son el mismo, tienen sinergia entre sí.

El modelo neoliberal está en crisis en todo el mundo. Tras tres décadas del Consenso de Washington y casi cinco de los Chicago Boys, las consecuencias políticas, económicas, sociales y ambientales de la desregulación dogmática y el adelgazamiento del Estado son ineludibles; tanto como la angustia e ira de quienes las padecen. El clima social de los últimos años es prueba de ello.

Tanto AMLO como Trump llegaron al poder capitalizando políticamente los efectos de esa crisis en sus países. Entre ellos hay muchas diferencias, sin embargo, coinciden en su oposición al modelo y a sus defensores en México y Estados Unidos.

Los panistas, sean militantes del PAN o de alguna de sus divergencias de la última década (el “nuevo PRI”, el PES, el Frente Nacional por la Familia o Frena), tienen más agenda en común con republicanos que con demócratas: para ejemplos, la relación especial de Bush y Fox en los dosmiles y los diputados trumpistas en Nuevo León o Querétaro.

No obstante, una piedra angular del modelo neoliberal en México es tener a Estados Unidos como referente principal: importar de allí la agenda, la técnica y el discurso. Así lo hicieron los gobiernos priistas de Salinas, Zedillo y Peña Nieto, así como los panistas de Fox y Calderón, y solían hacerlo independientemente del partido estadounidense en el poder porque ambos tenían un consenso en torno al modelo.

El consenso en Estados Unidos atravesaba una serie larga de temas: política exterior, economía política, migración, recaudación fiscal, por mencionar algunos. Si hoy los panistas defienden agendas demócratas es porque ese partido se ha dedicado a defender el consenso que el GOP abandonó en favor de Trump los últimos cuatro años.

Explico este contexto porque me parece necesario para entender por qué es que vemos coincidir recurrentemente a trumpistas y obradoristas en temas coyunturales, aun si no quieran tener nada que ver los unos con los otros: ambos se oponen a los defensores de un modelo en crisis dentro de sus respectivos países.

Su oposición al modelo, no obstante, es menos profunda de lo que parece. Tanto Trump como AMLO son pragmáticos, están mucho más preocupados por los tableros políticos de sus países que por convicciones ideológicas o coincidencias en el extranjero; a diferencia, por ejemplo, de Jair Bolsonaro en Brasil. Dicen y hacen lo que les conviene para navegar el escenario político nacional.

Es por esto que su coincidencia no me parece ideológica sino circunstancial: depende de las posiciones de sus adversarios políticos. Hay mucho cinismo en ello, cabe decir, porque a ambos les gusta pensarse y hacen la pantomima de ser proyectos ideológicos. Sus respectivos seguidores realmente lo creen.

Aunque no podemos obviar el auge del nuevo fascismo, me parece que no es en ello en lo que coinciden obradorismo y trumpismo. En todo caso, es en lo que coincide el ala radical anti-obradorista con Alfredo Jalife-Rahme y el resto de los seguidores de Aleksander Duguin en Morena: un problema común en la izquierda actual alrededor del mundo.

Otra similitud que me parece necesario señalar es que ambos, irónicamente, tienen comportamientos profundamente neoliberales. Esto es porque ninguno tiene un modelo alternativo al neoliberal, solo capitalizaron sus contradicciones hasta llegar al poder. Ningún modelo político se abole por decreto.

El neoliberalismo tiene que sustituirse. Aunque se distancien retórica o estéticamente de él, y aunque echen para atrás algunas de sus conquistas (los organismos internacionales o los organismos autónomos), sin una articulación coherente de alternativas solo se hace lo que se sabe hacer.

En varias ocasiones, por tratar de ser consecuentes con su retórica y por oponerse a sus adversarios políticos, no han hecho más que profundizar el modelo neoliberal en sus países: allí están las políticas de austeridad, los recortes presupuestales, la militarización, el papel de los grandes empresarios o el desdén sobre los territorios de los pueblos indígenas.

No es casualidad que quienes se oponían al modelo neoliberal en décadas pasadas (luchadores ambientalistas, feministas, antirracistas, defensores del territorio), figuras sin intenciones de hacer carrera política en el Estado, también se oponen a los gobiernos de Trump y AMLO respectivamente.

Los adversarios políticos del obradorismo y el trumpismo, por otro lado, sí tienen una motivación ideológica: porque comulgan ideológicamente con el neoliberalismo les ofende personalmente que ambos presidentes arremetan contra las conquistas históricas del modelo neoliberal. Eso es lo que les impide ver las coincidencias programáticas que tienen con sus presidentes, pese a la retórica. 

Independientemente de sus inclinaciones ideológicas, desde luego, esos adversarios también son pragmáticos: aun dándose cuenta de las coincidencias que tienen con López Obrador y Trump, se opondrían a ellos con tal de ganar las siguientes elecciones. Esa es la tarea de hacer oposición en nuestro sistema electoral.

La oposición en la coincidencia es el tipo de consenso en torno al modelo que republicanos y demócratas solían tener antes de Trump, un tipo de estabilidad a nivel de régimen que el trumpismo se rehusó a articular pero que AMLO podría aun construir en México si se lo propone.

Si lo hará o no depende de la postura que tome López Obrador sobre el papel de sus adversarios en la política nacional: si admite pluralidad en la oferta electoral, posiblemente construya un consenso en torno a lo que él llama la Cuarta Transformación (similar al que PRI y PAN tuvieron en su momento); si no, el neoliberalismo de Morena se elevará a régimen como lo hizo antes el nacionalismo revolucionario del PRI.

Porque Trump sale del poder, y porque el trumpismo se debilita en el GOP tras el asalto del Capitolio, lo más seguro es que dejemos de ver al obradorismo coincidir con él en futuras coyunturas. Las posiciones están cambiando en los Estados Unidos y cambiarán también aquí: los astros habrán de alinearse en nuevas constelaciones a partir de ahora.

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