¿Qué efectos trae el readymade a la cultura?

Volumen Cinco

Hoy, aunque estemos más familiarizados con la idea de que el arte existe más allá de lo visual, aún es complicado comprender cómo de un objeto pueda emerger el mensaje de un artista. Marcel Duchamp, el pionero de la corriente readymade, fue también un artista de los límites del Arte (con mayúscula); ¿qué efectos trajo?

por Andrea Zúñiga Vázquez
11 Noviembre 2019
Teimpo de lectura - 1 minuto 45 segundo
Fotografía por: James Broad, via Flickr

¿Qué efectos trae el readymade a la cultura?

Hace más de 100 años, en 1917, Marcel Duchamp cambió el mundo del arte al presentar una «obra» única. La Fuente (1917) es un urinal de mármol con la firma R. Mutt 1917 que Duchamp intentó exhibir con la Sociedad de Artistas Independientes en Nueva York. 

Duchamp, uno de los miembros fundadores del grupo, había ayudado a establecer su ideología de vanguardia. El grupo tenía una regla que no les permitía rechazar el trabajo de los miembros. La Fuente fue la excepción: consideraban que un mingitorio no podía ser arte. Duchamp abandonó el grupo; a su parecer, la Sociedad no estaba siendo coherente con sus principios de libertad de expresión ni estaba siendo tolerante a nuevas consideraciones sobre lo que era el arte.

Al día de hoy, 100 años después, todavía existe un problema: ¿se puede considerar arte algo que tiene un claro elemento de habilidad técnica o que no existe simplemente para el placer visual y estético?

Unos años antes, en 1914, Duchamp ya había creado lo que se convertiría en una de sus primeras piezas readymadePorte-bouteilles fue creada cuando Duchamp encontró una estructura metálica para secar botellas en un bazar de París. El término readymade para referirse a estos objetos en particular se concretó unos años después y desde entonces su definición exacta ha sido tema de discusión. Para algunos, el concepto de readymade se entiende mejor al interpretarlo como un encuentro entre sujeto y objeto: “Para Duchamp, el readymade no era simplemente una cosa pero un “rendezvous” un encuentro fugaz entre sujeto y objeto que solo puede emerger a la representación a través de un acto de inscripción. La transformación del producto a una obra de arte es, por ende, un efecto en la escritura.” (Joselit 72). El readymade se relaciona con la idea de un objeto encontrado o found object que se transforma al presentarse de manera distinta ante el espectador o que se transforma también a través del acto de la escritura.

El arte readymade no se enfoca en el objeto en sí. La materialidad no importa, sino que la importancia recae en el significado que se le atribuye a este. Al final, el ejercicio mental es lo que vale. ¿Qué efectos trajo el readymade a la cultura? Por primera vez se separó el rol del artista con el significado de una pieza. Se redefine qué es ser artista y quién puede serlo. 

El readymade y en general el arte conceptual, son el origen de movimientos posteriores de suma importancia, como fue el Pop Art, que busca borrar la distinción entre objetos de consumo y objetos “prestigiosos” o de alta cultura; ambos derivan directamente de las ideas de Duchamp. Sin el cambio cultural del readymade no pudo haber existido un Andy Warhol, Piero Manzoni o Félix González – Torres. 

Hoy, aunque estemos más familiarizados con esta idea del arte que existe más allá de lo visual, el readymade todavía afecta la cultura al significar transformación, oportunidad. Una nueva visión del arte, que puede surgir de cualquier lado, y que se sostiene por las ideas detrás. Se pierde la necesidad de la habilidad manual para considerar algo como una obra de arte. Hoy en día, en nuestra vida de consumo pasivo, se necesita más arte conceptual que nos impulse a pensar. Aunque existan críticas hacia el arte conceptual por considerarlo un fraude, una serie de dogmas e ideologías como menciona Avelina Lésper, considero que la idea de Duchamp sigue siendo capaz de sostenerse. Ver más allá de lo estético. Transformar la idea del arte por medio del lenguaje aunque esto sea considerado casi un acto de magia. El arte de nuestro tiempo no es un Goya, aunque los críticos se lamenten por lo mismo.

Sol Lewitt escribe lo siguiente en el año de 1969: “Los artistas conceptuales son místicos en vez de racionalistas. Llegan a conclusiones que la lógica no puede alcanzar”. El estar bien o mal sobre el significado de una pieza de arte conceptual es lo menos importante. El diálogo que se crea, el llegar a conclusiones propias, sean absurdas o brillantes, retoma lo que Duchamp quiso hacer hace tantos años. Dejar atrás la necesidad de la materialidad y enfocarse puramente en un ejercicio mental, individual, entre obra y espectador. 

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