Yo perreo sola, o de cómo Bad Bunny no es quien él piensa que es

Volumen Ocho

Mucho se ha escrito de la supuesta deconstrucción o redefinición de la masculinidad a cargo de Bad Bunny cuyos argumentos se han centrado, por ejemplo, en su capacidad de vestirse como mujer, de pintarse las uñas, de ponerse un vestido o de tener tetas. ¿Es en realidad un icono de la deconstrucción masculina, una reivindicación del reggaetón?, ¿o más bien es un "stunt" publicitario para generar likes? Mariana Ortiz reflexiona al respecto.

por Mariana Ortiz Joachin
4 Mayo 2020
Teimpo de lectura - 03 minutos 58 segundos
Fotografía por: Julia (http://gnedinaportfolio.blogspot.com/)

Yo perreo sola, o de cómo Bad Bunny no es quien él piensa que es

1.

He escuchado reggaetón desde que entré a la secundaria. Primero era uno de esos gustos adquiridos sin reconocimiento, una transferencia por ósmosis, cuando alguna de mis amigas llegaba con alguna canción y la escuchábamos como si se tratara de un secreto o un rumor. Después se convirtió en un gusto propio, reforzado por la rebeldía adolescente que conlleva hacer todo lo que te prohíben explícita o implícitamente: no salgas sola, no tomes alcohol, no vayas a ese lugar, no te drogues, no te exhibas, no uses ese vestido, no abras así las piernas, no te pongas esa blusa, no escuches eso, no bailes así…

Bailar reggaetón ha sido observado como una práctica vulgar, a partir de la cual lo «vulgar» se definía con un parámetro que iba desde qué tan fácil hasta qué tan puta se ve una mujer frente a los demás. Ya lo enunciaba Jean Paul Sartre: «el infierno son los otros». Piensen en escotes, faldas, vestidos, tangas, jeans ajustados, labial rojo, tacones y un largo etcétera. Todo esto con diferenciaciones entre quiénes marcaban esa pauta; distintos hombres, dentro de su propia esfera de influencia, crearon una narrativa —es más, inventaron casi un campo semántico— en la que definieron a modo de diccionario dos tipos de mujeres: las «niñas bien» (aquellas que reservaban para casarse con ellas) y las que perrean (aquellas que no).

Si acaso hubiera una genealogía del reggaetón, imagino que la raíz de toda canción sería la necesidad individual de habitar y apropiarse de su propia sexualidad. Sin embargo, olvidar que el reggaetón surgió de un contexto en el que la violencia contra las mujeres es el pan de cada día, sería no sólo imprudente sino estúpido: la única sexualidad de la que estaba permitido expresarse era la masculina. Entonces, como la normalización de aquella violencia ya estaba allí, cualquier expresión que se desarrollara en ese sentido, sin siquiera un proceso de autocrítica, iba a replicar tal norma.

Quizá por eso se volvía tan atractivo para mí y para mis amigas escuchar reggaetón, porque implicaba la aceptación de un modo de vida desconocido para nosotras: uno en el que, como mujeres, decidiéramos lo que queremos hacer (o no) con nuestro cuerpo. Vaya distancia que existía entre nosotras y algo que no habíamos aprendido a saber como nuestro.

El reggaetón, y para el caso, la educación sexual que recibí en un colegio al sur de la CDMX, estaban marcados por la creencia de que el género es binario, que el sexo es una relación unilateral y que el cuerpo femenino no había que enseñárselo a nadie. Pero, como es natural al cabo de los años, este género musical (y espero que también la educación sexual del Colegio Madrid) habría de evolucionar.

2.

En diversas movilizaciones feministas, no solo en México sino en toda América Latina, hay una consigna que llama mi atención entre muchas: «Mi cuerpo es mío, yo soy mía, yo decido, tengo autonomía». En ella encuentro algo esencial para mí particularmente: yo decido qué hacer con mi cuerpo. Yo. Aunque en realidad la consigna hace referencia a la decisión de abortar, pienso que podría aplicar también a cada una de las cosas que quiero hacer o no: coger, abortar, bailar, tomar, fumar, drogarme, vestirme como se me dé la gana. 

Por otro lado, algunas teorías feministas sobre el cuerpo y específicamente de la perfomatividad del género como la construida por Judith Butler en su libro Gender Trouble: Feminism and The Subversion of Identity, establecen que no existen las concepciones de sexo biológico o género construido, sino que todo encuentra su origen en la perfomatividad y, por lo tanto, el género puede ser fluido. No concuerdo en su totalidad con la teoría de Butler, pero le reconozco que haya establecido lo siguiente: dejar que las voces periféricas y sus sexualidades pongan sobre la mesa problemáticas que nos hagan repensar y sobrepasar el androcentrismo, el racismo y el clasismo al que ellxs han sido expuestos desde siempre1. Pero también, yo agregaría, la misoginia y el machismo.

La idea de pensar al reggaetón como una vía para la reapropiación de mi cuerpo y del cuerpo de todas nosotras, atravesados por diversas violencias es más atractiva de la que generalmente se acepta. Pero ¿es entonces el nuevo reggaetón un perfomance que me diga lo que significa ser mujer en pleno 2020? ¿Mi cuerpo no es mío? ¿Se puede ser hombre, tener referencias misóginas y machistas, y aún así establecer un modelo diferente de masculinidad? ¿Será este nuevo reggaetón el camino que debemos seguir para alcanzar la liberación y emancipación sexual? Me parece que no. Y es que en realidad estas preguntas son más complejas de lo que parece y contestarlas tardaría, como de hecho sucede, más de unas cuantas páginas, pero lo que quiero decir es que por mucho que haya cambiado, el origen del reggaetón sigue siendo el mismo, solo que ahora tiene a su alcance plataformas mucho más grandes y poderosas.

3.

Benito Antonio Martínez Ocasio —conocido como Bad Bunny— nació el mismo año que yo, 1994, en Vega Baja, Puerto Rico. Pero mis veinticinco años son muy distantes de los suyos. Al día de hoy, este hombre tiene —esto lo digo sin dudar— varios millones de dólares en su cuenta bancaria y yo prefiero no revelar tal información. Martínez Ocasio también cuenta con una audiencia mundial que lo ha convertido en una de las voces más leídas y escuchadas en las redes sociales por el número de seguidores que logró consolidar: Twitter e Instagram se transformaron en canales multimillonarios para sus ideas.

Al menos desde 2017, Bad Bunny ha lanzado en distintas plataformas varias canciones de reggaetón que sería mentira no admitir que he cantado y bailado. Poco a poco estas canciones pasaron a ser terreno común no sólo con las personas de mi propia generación sino con otras más distantes; así, estas mismas canciones crearon un nuevo lenguaje dentro del mismo reggaetón: Bad Bunny, aunque en esencia sigue haciendo el mismo reggaetón de principio de los dosmiles, en los últimos años introdujo el contexto revolucionario internacional a sus letras. Luchas que podían o no pertenecerle se sumaron a una estrategia de ventas que para bien o para mal, le han traído los resultados que (seguramente) estaba buscando.

Pero lo que comenzó con una rutina sin importancia, sin pensarla demasiado, terminó con identificar un problema del que peca Bad Bunny a propósito del reggaetón que ha vendido recientemente. Escuchar detenidamente algunas de sus canciones, populares en cuestión de horas, me hizo cuestionar por qué dice lo que dice y, sobre todo, a identificar quién es más allá de quien él argumenta que es.

Lo que me lleva a su más reciente álbum titulado YHLQMDLG (Yo Hago Lo Que Me Dé La Gana): en él, la canción Yo Perreo Sola representa por sí misma una reivindicación de lo que el reggaetón expresa en términos del cuerpo de las mujeres. Si estábamos acostumbradas a escuchar “yo quiero tirarme un selfie con esas nalgotas” en ese mismo álbum, en Yo Perreo Sola encontramos una serie de elementos que sorprenden en tanto pueden pasar por feministas: el título de la canción está escrito en primera persona del femenino. Una mujer, Nesi, es la que abre la primera estrofa y su voz no deja de escucharse en todo el coro. Escuchamos a Bad Bunny cantar «que ningún baboso se le pegue» o «te llama si te necesita, pero por ahora está solita» haciendo referencia a que las mujeres pueden bailar (no bailar, perrear) como se les dé la gana. 

En sí, la letra de la canción es novedosa en tanto establece lo innecesario: que un hombre esté acompañando a una mujer o peor, cuidándola. No dudo que el proceso de socialización como mujeres sea diferente en cada caso específico, pero en América Latina los feminicidios parecen no ceder y en algunos países vivir como mujer es un infierno. Miren México, miren Argentina, miren Colombia. Por eso, cuando un fenómeno mundial argumenta y centra la atención en que a las mujeres hay que dejarlas en paz, sorprende, aunque sea genuinamente y por tan solo un momento.

Ahora bien, el video de esta misma canción es lo que se torna problemático. Bad Bunny ha expresado en más de una ocasión su apoyo a la comunidad LGBT+ así como al movimiento feminista, y con el video de Yo Perreo Sola pretendía afirmar esos apoyos. Pero ocurrieron tres momentos que tan solo revelaron su verdadero origen o fin: el primero de ellos hace referencia a Bad Bunny vestido y maquillado de mujer, el segundo al tamaño de los pechos que carga mientras pretende ser mujer y el tercer momento al perrear, él como mujer con él como hombre: sí, Bad Bunny perrea sola, pero con Bad Bunny.

Mucho se ha escrito de la supuesta deconstrucción o redefinición de la masculinidad2 a cargo de Bad Bunny cuyos argumentos se han centrado, por ejemplo, en su capacidad de vestirse como mujer, de pintarse las uñas, de ponerse un vestido o de tener tetas. Otra de las razones establecidas es que hay una «perfomatividad del género» al estar entre «ser mujer» y ser lo que Benito realmente es: un hombre que aún después de grabar el video se identifica como hombre heterosexual. Hay textos que lo mencionan como una transformación, aunque más bien sería una tendencia hacia lo drag, puesto que Bad Bunny aclaró que «en ocasiones se siente como mujer»3.

Pero la cultura de lo drag (sin importar si son queen o king) establece claramente que sus intenciones son performar y entretener4: nada malo en contra de ello. Si acaso la teoría de lo queer es lo más cercano que tenemos para intentar leer lo que sucede con Bad Bunny, entonces podríamos encontrar que no hay un claro desafío a las estructuras sociales impuestas para las mujeres o para el género femenino. A final de cuentas Bad Bunny sigue perreando con él mismo (a pesar de establecer que a las mujeres hay que dejarlas en paz —¿qué pasó ahí, Benito?) y sigue creyendo que las mujeres tienen grandes tetas (y las que no llegamos a la talla B de brasier, ¿dónde nos quedamos?), o que lo femenino es ponerse vestidos, maquillarse y usar tacones. Incluso me atrevería a decir que tampoco llega a ser drag completamente porque no juega con esa exageración; de serlo, otro resultado y probablemente otro texto hubiera sido, pero todo el performance que hace (si es que acaso lo es) lo mantiene en lo superficial, nunca lo explora.

¿Deberíamos preguntar: querido Bad Bunny, ¿qué es ser mujer? Yo creo que no.

Sería un error creer que Bad Bunny intenta teorizar el hecho de vestirse como mujer como una nueva forma de hacer reggaetón o de ser hombre, hay que ser honestas. Lo cierto es que lo hace por generar likes y vender, pues Bad Bunny no tuvo que haber leído absolutamente ninguna teoría para grabar la canción o el video. Él es un cantante, un vendedor, una figura pública que supo hacer dinero a partir del reggaetón. Y en ese sentido, Benito sí puede hacer lo que se le dé la gana.

4.

No sé si algún día llegue a perrear realmente sola, sin hombres predadores, sin abusadores o feminicidas, sin prejuicios, sin ideales estúpidos de lo que significa poner mi cuerpo a disfrutar de una sexualidad verdaderamente libre. Me gustaría pensar que, si sucede en algunos años, será porque nunca dejé de perrear y, por supuesto, porque nunca me convertí en una niña bien.

Así, seré una puta y seré una fácil el tiempo que sea necesario para que esas concepciones dejen de existir hacia las mujeres que deciden mostrar su cuerpo y dirigirlo hacia donde quieran: bailar, usar escotes, tacones, vestidos, faldas, tangas. Es curioso que nunca nadie acusó a Bad Bunny de ser una puta y de ser fácil por hacer exactamente lo mismo que nosotras una noche en La Purísima, por ejemplo. Y, tendré que pedir disculpas, pero esas cosas no las puedo dejar ir así de fácil.

En contraste, solo puedo estar segura de una cosa: voy a seguir perreando las canciones del YHLGMDLG y voy a continuar usando cada uno de los elementos-no-hegemónicos de mi cuerpo porque hay una revolución pendiente ahí, pero ni Bad Bunny, y para el caso ningún hombre, me va a decir cómo hacerlo.

******

 

Referencias:

1. Carlos Fonseca Hernandez y María Luisa Quintero Soto, “La Teoría Queer: la de-construcción de las sexualidades periféricas”, Sociológica (Mex.), México, 24:69, 43-60,  abril de 2009. 

 2. José Forteza, “¿Es Bad Bunny el reflejo de la nueva masculinidad?”, GQ México, 29 de agosto de 2019. 

 3. Suzy Exposito, “Bad Bunny gets a full drag makeover in new ‘Yo Perreo Sola’ video”, Rolling Stone, 27 de marzo de 2020.

4. Verta Taylor & Leila J. Rupp, “Chicks with Dicks, Men in Dresses”, Journal of Homosexuality, 46:3-4, 113-133

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