Tributo

Volumen Cuatro

El fuego es, además de un elemento natural indispensable para nuestras vidas, un lugar de encuentro. La unión que crea el folclor en las llamas es tan caliente que quema, pero es tan cálido que reconforta el alma. Por eso la atracción al fogón es más fuerte que cualquier sentimiento. A su rededor se comparten anécdotas, historias, se conecta la gente. Y alguien que evoca estos mismos sentimientos en la cocina, es Pedro Abascal, con su restaurante Primo.

POR Hane Garza
5 agosto 2019

Tributo

Me preparo el desayuno. El encendedor automático de la estufa me ha quedado mal. Busco en el cajón. Bendito encendedor, aún funciona. Trueno, chispas y voilà: se ha iniciado el fuego. Tan solo tres minutos, y ya había fuego. Al término de unos cuantos más, mis alimentos ya están listos.

Me detengo a pensar acerca de las cosas que nos rodean, y que por cotidianas, no podemos dimensionar; desde luego, la naturaleza es una de ellas. Aunque nos llama a cuidarla, asentamos que la tendremos siempre. Otro elemento natural que damos por sentado: el fuego; y es una maravilla de ejemplo.

Hace miles de años, descubrimos el dominio del fuego. No como lo conocemos ahora, sino de una manera progresiva, hasta que se ha vuelto indispensable para la vida.

Este gran hallazgo nos dio la oportunidad de implementarlo en los alimentos. Fuimos capaces de preparar mayores cantidades de ingredientes; a los alimentos les dimos una digestión más rápida, y por tanto, una quema de calorías más eficiente; nos ayudó para defendernos; para protegernos del frío; iluminó nuestras noches: en fin, nos hizo humanos.

Es, además, lugar de encuentro. Cuando pequeña, recuerdo reuniones familiares: todos alrededor del fuego. Mi mente trae al fuego como el centro del lugar, como si la familia fuera esa tribu primitiva; como si nunca nos hubiéramos desprendido de nuestros antepasados.

La unión que crea el folclor en las llamas es tan caliente que quema, pero es tan cálido que reconforta el alma. Por eso la atracción al fogón es más fuerte que cualquier sentimiento. A su rededor se comparten anécdotas, historias, se conecta la gente. Y alguien que evoca estos mismos sentimientos en la cocina, es Pedro Abascal

Un gran chef originario de Morelia, Michoacán, que ahora radica en Playa del Carmen, donde le ha dado vida a Primo: una cocina inspirada en la pasión, el fuego, la vida y el gusto de compartir.

Para Pedro trabajar con fuego se traduce en manejar energía, la cual lleva al paladar de las personas. Juega a medirlo, y a la vez controlarlo, y en su ritual de las brasas, el ritmo baila y sorprende.

Primo nace siendo una cocina rústica mexicana que solo se puede encontrar en las profundidades de algunos poblados de México, una propuesta que está lejos de la ciudad. Pero Pedro trae a Playa del Carmen una ola de calor de hogar junto al horno de leña de piso, en el cual se llevan a cabo procesos, para deleitar platillos como un lechón de sabores yucatecos que forma parte de las insignias de lugar.

Primo te recibe con tortillas hechas en un comal que es calentado al fogón de leña: te transportan a un mágico lugar que te hace sentir en casa.

Siempre existe algo que nos llama, que nos pica en el alma; son pequeñas sensaciones que no podemos explicar o convertirlo en algo concreto, solo cuando ocurren y las sentimos, sabemos que son parte de nuestra existencia y que sin ellas la vida no sería. El olor de la leña, el crujir de los troncos, la insaciable y brillante luz, el poder de la ceniza y el ciclo de la vida: siempre estamos conectados y la energía del fuego se encarga de recordárnoslos día con día.

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