Más allá del #MeToo

Volumen Tres

Demasiadas mexicanas han sido víctimas de alguna expresión de violencia. Bajo este contexto, ¿qué rol ha jugado (y debe jugar) el movimiento #MeToo? Mafer Rodríguez plantea que, ante la culpable ausencia del Estado, #MeToo es una respuesta. Pero ¿a qué?

POR Mafer Rodríguez
6 mayo 2019

Más allá del #MeToo

Acto 1: La necesidad de trascender

Prólogo

Algunas personas consideran que el #MeTooMX es (parte de) un movimiento. Otras, una plataforma de denuncia. El resto, que es un ejercicio de catarsis o un arma de dos filos originado por el anonimato. Para mí es una respuesta ante la culpable ausencia del Estado, punto. Un Estado que no garantiza que las personas —en este caso las mujeres— vivamos libres de violencias; un Estado que no brinda justicia a las víctimas de acoso, hostigamiento, abuso sexual, feminicidio o cualquier otro tipo de violencia por razones de género: 43 de cada 100 mexicanas ha sido víctima de alguna expresión de violencia. Sólo ocho denuncian por la discriminación reproducida por los sistemas de justicia (Equis Justicia para las mujeres).

Un Estado que personifica el sistema heteropatriarcal y que a través de sus leyes e instituciones sigue alentando las estructuras que mantienen a las mujeres y a las niñas en una permanente exclusión, opresión y discriminación; un Estado masculino que, bajo el sistema capitalista, reproduce y perpetúa las desigualdades. Así de ‘simple’, así de complejo.

Escena I: Tarana Burke

Podría decirse que casi todas las personas que usan redes sociales (sobre todo Twitter y Facebook) han oído o saben qué es el movimiento #MeToo. Me atrevería a decir que la gran mayoría supone que éste nació en 2017 con la iniciativa de la actriz Alyssa Milano para denunciar los casos de violencia sexual en Hollywood, que tuvo eco en decenas de sus compañeras (por ejemplo, aquellas que denunciaron a Harvey Weinstein) y que rápidamente se extendió a decenas de países y gremios.

En realidad, los orígenes del #MeToo se remontan mucho antes. Tarana Burke, activista por los derechos civiles, fue la encargada de nombrarlo así en 2006. Es decir, once años antes de que cobrara el auge que ahora conocemos. Ante ello, las preguntas serían: ¿por qué uno se convirtió en un fenómeno mundial y el otro no?, ¿por qué los considerados “escándalos” en Hollywood fueron los que más acapararon las primeras planas y los programas de televisión? ¿es que acaso esto no ocurre en la misma proporción o intensidad en otros espacios?

Escena II. Un movimiento… ¿para quién? 

De la misma manera en que la globalización y el internet han permeado todas las áreas de la vida pública y privada, el feminismo no ha estado exento de resentir sus efectos. Uno de ellos es la construcción de un movimiento feminista internacional que ha usado las redes sociales como un potenciador efectivo para llamar a la acción colectiva. Ya sea de manera virtual o en las calles.

Un ejemplo es la marea verde surgida en Argentina y que rápidamente se presentaría como una de las causas del feminismo latinoamericano. Otro caso emblemático es precisamente el #MeToo, (que luego derivó en Time’s Up), el #BalanceTonPorc francés o incluso #MiPrimerAcoso en América Latina. De manera indiscutible estos han servido para visibilizar la gravedad de la violencia sexual contra las mujeres, señalar sus consecuencias y la ausencia de canales institucionales para hacerle frente. Sin embargo, al igual que #MeTooMx ha dejado de lado muchas de las cosas que ocurren a quienes no tienen la posibilidad de alzar la voz en una plataforma. Y eso es un tema que desde el feminismo debemos trascender.

Escena III. El feminismo será interseccional o no será

El feminismo no puede (ni debe) replicar los mecanismos del sistema que busca liquidar. Por ello, no puede dejar de visibilizar la diversidad y desigualdad que existe entre las propias mujeres y cómo viven de manera diferenciada las violencias. Llamarle feminismo interseccional debería ser considerado como un pleonasmo porque hablar de (y desde) él es partir de la situación de todas, no de unas cuantas. Desafortunadamente esto (aún) no sucede del todo. Para lograrlo debemos dejar de seguir y avalar el feminismo liberal, el burgués, el feminismo que no incomoda, el mal llamado feminismo que le hace el juego al capitalismo. Solo así podremos transitar a un verdadero sistema igualitario.

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