Volumen Cuatro

Una serie de poemas de Ecografías (Cuadrivio, México, 2019), el último poemario de Priscila Palomares.

POR Priscila Palomares
5 agosto 2019

Contracciones II

Tengo prohibido entrar al bosque,
mamá dice que hay lobos hambrientos.

–Les quitan la ropa a las niñas
y prueban su carne.

Tiembla algo adentro de mí.
Veo los pinos que rozan las nubes. Enfrente de mí: unos ojos
negros. Recuesto al lobo en la tierra. Le arranco los pelos,
uno por uno, para verlo calvo, comprenderlo desnudo.

Su piel es igual a la mía.

 

Manual para una señorita educada

A una señorita se le cortan las piernas para que nunca llegue
a la altura de su marido. Escala al promedio más alto de la
carrera para tirarse (en caída libre) a unos buenos brazos.

Todo en exceso es malo, hasta el trabajo; porque si una no prepara
la cena, es culpable del hambre (que a mordidas) la carcome.

 

Areolas

Mis areolas son las pinturas de un museo
y mi cuerpo las paredes.

 

¿En qué piensa Prometeo cuando le desgarran el hígado?

Las manecillas en mi reloj están adelantadas.
Me di cuenta, años atrás, cuando sonó mi alarma
y los niños de mi salón me parecieron inmaduros.

Lo reafirmé a las 7:15 A.M. cuando busqué parejas mayores
a mí. Y lamento haberme adelantado porque ahora sé que,
después de los cuarenta, mi útero ya no es el mismo.

Corro de un minuto al otro con prisa, temo que las arrugas
en mis manos me arrastren al calabozo.

Soy de esas que prefieren la muerte a la vejez.
Tengo la mente ocupada en ciclos.
Llega un águila, cada mes,
a desgarrarme el endometrio.

 

Fase folicular

El nacimiento de la palabra no está en la lengua, sino en la
entraña. Escapa de los ovarios para engendrarse en el cuerpo
que está atado a mi sombra: una silueta negra que me imita,
pero no me permite ver quién soy.

–Priscila, las sombras son palabras.

No, las palabras son células muertas; son el cabello que cuelga
de mi cráneo y crecen como rosales trepadores hasta tocarte.

 

–Del otro lado de la palabra tampoco hay nadie.

Y entonces, si no estoy en las palabras,
¿en dónde estoy?

Si digo sufrir ¿sufro?
Si digo vivir ¿vivo?
Si digo Priscila ¿quién soy?

El lenguaje es la muerte. La entraña es vida. Escribir es un
ciclo entre ciclos donde aquello que engendro se pulveriza.

 

*Estos poemas forman parte de Ecografías (Cuadrivio, México, 2019).

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