Reflexión antropológica de Monterrey

El cine, así como puede ser una herramienta narrativa y de entretenimiento, en ocasiones también puede convertirse en un modelo social y antropológico. José Pablo Acevedo, a partir del cine de Marcelino Calzada, explora estos conceptos en su ensayo audiovisual.

POR José Pablo Acevedo
2 marzo 2020

Reflexión antropológica de Monterrey

El cine, así como puede ser una herramienta narrativa y de entretenimiento, en ocasiones también puede convertirse en un modelo social y antropológico. Bajo esta mirada el registro de un espacio se vuelve fundamental para entender su historia. Las películas MTY Extremo y Amado del director Marcelino Calzada, a pesar de desarrollarse de manera caótica, pueden esconder grandes tesoros geográficos de la ciudad de Monterrey pocas veces explorados en los medios audiovisuales.
 

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *

Artículos similares

Palabras de concreto

Volumen Siete
Un poema de Emilia Pesqueira.

Un aforismo sin tiempo

Volumen Uno
Hay tiempo para todo; menos para el mundo del capital.

¿Qué sueñan los perros?

Volumen nueve
Un cuento de Mariana Ortiz

Jaulas

Volumen Siete
Un poema por Jorge Olivera.

Despertar: del sueño a la cocina

Volumen Tres
Julio Ortega —ícono de la gastronomía mexicana— ha puesto muy en alto a la cocina de México. Hane Garza retrata algunos de sus platillos y nos cuenta qué sensación le provocan: un despertar a la…

Leyenda Norestense

Volumen Cero
Se cuenta que ese año (y otro más, y tantos otros), el sol inclemente del verano y los crudos inviernos acabaron con toda posibilidad de supervivencia en aquella comunidad cercana a Cadereyta.

Sentir

Volumen Uno
¿Sentimos ahora cómo sentían nuestros ancestros?

Daniela contra las Multas Místicas

Volumen Dos
Cuento plagado de referencias surreales; y de realidad inverosímil... como nuestras leyes, nuestras multas.

Dos poemas (de lluvia y viento)

Volumen Cuatro
Para nuestra sección de poesía, Isabel Papacostas nos regala dos poemas de lluvia y viento.