Humpty Dumpty, el déspota

Volumen Nueve

Como sucede con la literatura, los personajes que nos parecen más absurdos resultan ser los más reales. Las características humorísticas de Humpty Dumpty las podemos encontrar, con todo su ánimo caricaturesco, en líderes que suponen representar a millones de personas.

POR María José Gutiérrez Rodríguez
13 julio 2020

Humpty Dumpty, el déspota

Humpty Dumpty en un muro se sentó,
Humpty Dumpty desde lo alto se cayó.
Todos los caballos del Rey y todos los hombres del rey
no pudieron a Humpty recomponer.

A Humpty Dumpty lo conocemos por bobo y no por valiente. Algunos de nuestros líderes se asemejan de manera muy extraña y cercana a un huevito en el borde de un muro.

En el sinfín de adaptaciones de Humpty Dumpty, se dice que la primera adaptación literaria que lo representa como el huevo que conocemos ahora fue la de Lewis Carroll en Alicia a través del espejo y lo que encontró ahí (1871). En la carismática lectura, Humpty Dumpty es un personaje sin duda soberbio, que interrumpe antes de escuchar y se esfuerza por ignorar su realidad a toda costa. Suena familiar.

Como sucede con la literatura, los personajes que nos parecen más absurdos resultan ser los más reales. Las características humorísticas de Humpty Dumpty las podemos encontrar, con todo su ánimo caricaturesco, en líderes que suponen representar a millones de personas.

En sus diferentes personificaciones, el espíritu de nuestro protagonista continuamente es objeto de titulares. Por ejemplo, cuando afirmó que el CoVid-19 era un simple catarro; o cuando negó la existencia del calentamiento global. Humpty Dumpty también nos ha asegurado que gracias a él, ya no tenemos que preocuparnos por la corrupción, a pesar de que el muro sobre el que se sienta tiene algunos ladrillos cuestionables. Humpty Dumpty hace y deshace, pero no compone. Y sobre todo, Humpty Dumpty habla mucho.

Precisamente el Humpty Dumpty de Lewis Carroll tiene tres características que a pesar de suceder en un mundo que nos parece absurdo, lo absurdo es que las encontremos, con sorprendente facilidad, en las personas que están tomando decisiones sobre la vida de miles. El Señor Dumpty es un huevo soberbio, ciego a su inminente caída, y amo del significado de sus palabras.

En nuestro mundo absurdo, Humpty Dumpty tiene diferentes nombres, pero casi siempre demerita a quien lo cuestione, él nunca se equivoca. Ahí la soberbia. También, nuestros Humptys se piensan más grandes que cualquier circunstancia. Desde lo alto de su muro, todo lo que no los toca parece pequeño. En realidad, a mi me parece un riesgo latente a su legitimidad como gobernantes.

Nuestro divertido personaje de 1781 tiene una característica más, él es dueño del significado de sus palabras: «Cuando yo uso una palabra», le dice a Alicia, «significa lo que yo escoja, no más, no menos». Y de manera muy similar, palabras como calentamiento global, derechos humanos, riqueza y cubrebocas, han cobrado un sentido político, antes que técnico, antes que el propio. De una manera nada sutil, el discurso de Humpty Dumpty nos robó palabras y de pronto el conocimiento se politizó.

Particularmente en estos momentos, las prioridades de los gobernantes han brillado como oro o como pirita. Lamentablemente, algunos han demostrado una fuerte predisposición al cinismo. Mentir sin escrúpulos, sin miedo, porque desde su alto —pero angosto— muro, ha parecido fácil ignorar todo aquello que desde ahí se ve pequeño, como la injusticia y el deber.

El verdadero origen de Humpty Dumpty se remonta a la Guerra Civil Inglesa y a un gran cañón que orgullosamente llevaba ese apodo, mientras protegía a Colchester. Pero, el ejército parlamentario daño tanto al muro sobre el que posaba, que Humpty Dumpty, justo como se anuncia, terminó por caer y nadie nunca lo pudo recomponer.

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